sábado, 29 de noviembre de 2008

Batracios de la cueva de Aldesberg


Estos batracios son ciegos y reconozcan que despiertan cierta ternura de verlos tan rositas y tan vulnerables. Ahora, que pinta comestible... tienen ¿o no? (como gambas que no hay ni que pelar). Tampoco me he encontrado ninguno en la vida real, pero puede ser porque nunca he estado en Aldesberg (la montaña de Aldes) y, por lo visto, son un endemismo de dicha cueva.

Figurillas de Gypse


Esta especie de inflorescencias minerales se forman de modo natural en algunas cuevas. Reconozcan que son una preciosidad, y a mí me llamaba la atención el colocarlas así, sobre un libro de lomo historiado. Luego no he visto una figurilla de Gypse en la vida real y, a decir verdad, ni siquiera en fotos. ¿Existirán?

Espeleólogo pasándolas putas


Lo mismo que tuve mi etapa (breve) de esquiador (eso lo cuento en la novela -inédita- "La quería, sabedlo") también la tuve de espeleólogo. Hice mis pinitos, no crean. Cosa que no podía saber cuando, de chinorri, este cromo me daba cierto yuyu. Pues en las jodidas Gateras de la cueva del asno me ví tal que así, y hasta peor que así. Pero, como ya lo había visualizado en LAS MARAVILLAS DEL UNIVERSO, pues... me amedrentó el trance menos de lo esperable ¡Gracias Nestlé!

Cajón de imprenta

Dejando aparte la pinta joseantoniana del currela, la caja es preciosa y siempre me ha gustado poseer alguna de estas cajas de tipos, para poner todo tipo de bibelots. Bueno, tengo alguna que otra...

Tel Sin Hil


Así: "Tel Sin Hil" se llamaba una tienda o taller situada justo detrás del Ayuntamiento de Soria. Es el apócope de Telegrafía Sin Hilos, es decir, la radio, inventada por Tesla y patentada por Marconi. Pero lo inquietante de la ilustración es el lúgubre caserón.

La Rubia


Premonición o casualidad, esta es la planta tintórea Granza o Rubia y, años después, compraría mi casa de campo en... La Rubia (Soria), cuyo nombre alude a la frecuencia en su término de esta planta que se usaba para teñir la lana de las merinas sorianas...

Insecto Hoja

Esta es una de las láminas (doble) del primer año de Maravillas del Universo. Hay que fijarse que el insecto no sólo se ha disfrazado de hoja, sino que ha imitado las quemaduras otoñales de la supuesta hoja. Cosas así me impresionaban mucho. Y me impresionan.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Thor Eyerdal y la KON TIKI


Al final de la calle Zurbano había y ¿hay? (en Madrid, me refiero) una cafetería que lleva el nombre de la balsa que el sueco Thor Eyerdal fletó en los años cincuenta para demostrar que los egipcios "pudieron" llegar a América, en una balsa hecha de cañas de papiro, o algo así. El libro andaba por casa y yo me deleitaba con sus fotos. Todavía me parece una aventura fascinante, que luego otros repitieron para demostrar cosas parecidas. Por ejemplo, otro menda cruzó el Atlántico en una especie de "coracle" (balsa de cuero) gigante para demostrar que los antiguos irlandeses pudieron llegar a norteamérica (la leyenda del monje Brandán, que encontró una gran Isla al Oeste). Otros hicieron la travesía en plan "Gran Hermano", con parejas, orgías, o algo (¿Vital Aza?). Luego el apagón, la decadencia: Marichalar y la moto de agua. Sic transit gloria mundi. Eyerdal más adelante anduvo por la Isla de Pascua y escribió "Akú Akú". El pez que lleva el sueco en España le llamamos "pez sable", pero en Portugal le llaman "pez espada". Bien sabroso que está, y es de los pocos todavía asequibles. Por cierto, la Kon Tiki de Madrid sigue abierta, lo que pasa es que desde que hice la mili que no voy por allí.

Batiscafo

El tema de los fondos abisales siempre me ha molado. Siempre me ha llamado la atención que August Picard, el científico que bajó a la fosa de Las Marianas fuera también quién investigó (en globo) las capas más altas de la atmósfera. Los paisajes abisales, y los bichos tan raros que los poblaban, eran "otro mundo" que estaba (como quería Paul Eluard y desarrollaron Pauwels y Bergier) "en este". Por aquellos años se hablaba mucho de "poner bases" en el fondo del mar, de la acuicultura (el mismo Caudillo, digo el General Isimo, era partidario de esta industria) y el mar era (lo mismo que el Espacio), el "futuro", o algo. Los paisajes abisales y su fauna me prepararon para descubrir los mundos sin horizonte del pintor surrealista Tanguy, al que desde entonces he admirado, pese a que muchos lo consideran un artista "menor".

Submarino primitivo


Yo esto, ahora mismo, pues no me lo creo. Pero de chinorri, tragaba. Me entusiasmaba que el negrata se aproximara subrepticiamente y con pésimas intenciones (véase la gumia que empuña en la izquierda, el muy mamón) a la carabela (o lo que fuera) de la izquierda. El julai va metido en una especie de odre de cuero y respira por una caña (bueno, eso lo hacían EL JABATO, el Capitán Trueno, Pantera Negra, y prácticamente todos los héroes de bandé desiné). Ya digo. Yo me lo tragaba entonces. Pero ahora... A ver ¿Cómo leñe se propulsaba el watusi? ¿a pedos? Y, que esa es otra, ¿cómo narices se orientaba metido en esa especie de saco de dormir? Ahora, que fusiforme e hidrodinámico, el aparato, lo era un montón.

Submarinos


El asunto de la navegación submarina siempre me ha molado. Figuradamente, porque, supongo, no me metería en un submarino real ni borracho. Parte por claustrofobia y parte porque ahí dentro debe oler a rayos. Piénsese en ciento y pico de julais en la flor de la edad peéndose y eructando en un espacio cerrado y con escasa -cuando no nula- ventilación. Lo siento por los tripulantes de los "U-Boot" de la Kriegsmarine, pero no concibo el heroísmo en espacios cerrados. Brrr... El menda del cromo figura como "submarino humano" y a mí me recuerda, de nuevo, mis escarceos pelágicos en mi Ibiza natal. Véase la anacronía del moderno nadador, con sus gafas y su tubo de respirar, con los bergantines de lontananza...

Galampernas

La galamperna es comestible, aunque un poco basta, pero con el tema de las rugosidades y -sobre todo- el del anillo, casi nadie las coje. Tienen pinta de venenosas. Sobre todo en el cromo de Nestlé. Todo este mundillo, que es el de Blancanieves pasada por Disney o el Bosque Animado de Fernandez Flórez (Wenceslao), siempre me ha llamado. Difícil de explicar. Pero la idea que quería transmitir es que los cromos de Nestle daban una visión (o al menos, eso me parecía a mí) de las setas casi de pesadilla. Hasta de H.P. Lovecraft, como se sugería en el título.

Setas lovecraftianas

Lo mío con las setas ha sido una relación de amor/odio, que va escorándose hacia el odio puro y duro a medida que lo que era una actividad free-lance se está convirtiendo en un sucio negocio hiperregulado. Ya he dejado escrito (en EL MANIFIESTO) que la virtual ausencia de setas desde que las diversas administraciones decidieron (en Soria, me refiero) cobrar por el tema, es algo así como un castigo divino. Por cierto, y salut les copains, me acaban de traducir mi cuento: "Jack, el buscador de setas" al inglés. Aparacerá (si no ha aparecido ya) en la revista THE RIPPEROLOGIST (nota mental: abrir un blog sobre Jack el Destripador). "Jack, the muhsroom hunter" (el traductor dudó entre hunter y collector, yo había escrito "searcher", pero, por lo visto...). Bueno, el tema es que el Destripador era un buscador de setas y los asesinatos eran su reacción (un poco extrema, convengámoslo) a sus frustracciones. Es que a mí me ha pasado, oigan. Pero no nos vayamos del tema. Las ilustraciones del álbum de Nestlé sobre micología eran siniestras, ominosas al menos. Y es que el tema de las setas, los bosques humbríos, los enanitos viviendo en amanitas, molar, mola, pero yuyu... da bastante ¿no? ("¿Quién ha visto, si temblar, un hayedo en un pinar?", quizá los versos más crípticos del jodío Machado, que yo creo que va en clave shakesperiana, Macbeth y el bosque de Dunsinade, o algo, o algo).

Lengua de ballena

El pavo de la boina parece que está haciendo surf en la lengua de la pobre ballena. Es comprensible que me impresionara tal jaleo de escalas, que hacía parecer al hombrecillo como poco más que un parásito. Después de ver cosas así uno terminaba por aceptar lo de Gulliver y cosas así.

La pesca de la ballena

Lo de la pesca de la ballena, era otro tema que me fascinaba. Quien sabe si por eso de que un bicho tan grande y tan marinero NO fuera un pez, sino un mamífero como yo mismo. O sea, un colega, acromegálico y con una envidiable capacidad para la apnea, pero colega al fin y al cabo. Luego estaba lo del capitán Ahab (bueno, yo siempre decía "Achab"), que seguro que no me había leído el libro, pero sí quizá algún cuento resumido, o algo, pero me sonaba. Me flipaba esta ilustración, donde el cuerpo de la ballena parecía, literalmente, una bóveda de cañón de lo más románico. Y los trozacos de ballena ¿a que parecen tajaditas de congrio (del abierto, del abierto)?

Manhattan la nuit


Este cromo estaba dentro de un capítulo dedicado a los "skyscrapers", tema que nunca ha dejado de interesar a los infantes desde que se construyó el Ironflat y, sobre todo, desde que King Kong se encaramó a la cúspide del Empire State Building. En el mismo capítulo, y con esto entramos en el tema de las extrañas precogniciones y anticipaciones de los álbumes de Nestlé, aparecía otro rascacielos ardiendo. Calcadido al "Gigante en llamas" y, si me apuran -y con un poco de imaginación- a las Torres Gemelas... Ya iremos viendo otras precogniciones y anticipaciones, de lo más chocantes y/o mosqueantes. Que delinean, entre otras cosas, lo que llamo "ralentización del progreso". Iríamos más lejos, y en eso coincido con el genial dibujante de "El Jueves", Miguel Brieva, quien mantiene que "El futuro" (ese que nunca llega), fueron los años cincuenta, y que luego vino la decadencia. Piensen, piensen...

Buzo luchando con un pulpo


Aunque se trata más bien de un hombre-rana, y más que luchar parece que lo está trasportando, este cromo del álbum de 1955 me llenaba de terror (bueno... no exageremos) porque por esa misma época tanto mi padre como yo practicabamos el submarinismo en las costas rocosas de Ibiza. Y pulpos había, que había visto yo a los lugareños pescarlos con ganchos entre las rocas. Claro que no eran del tamaño del de la ilustración, pero... Yo no temía por mí mismo, que raramente me alejaba de la orilla, pero sí por mi padre, que solía nadar hasta un cercano islote. No quería ni pensar en qué sucedería si le atacaba un bicho de estos. Él me explicó que la defensa contra un pulpo, antes de que te sujetara con sus tentáculos, era "volverle del revés" el manto de su cabeza, lo que lo cegaba e inutilizaba. "Ya, -pensaba yo- y se va a dejar, así, por las buenas". En fin, dramas de la infancia. ¡Con lo bueno que está "a feira"!

Los ovnis de Lippisch

Este prototipo aéreo del ingeniero Lippisch siempre me pareció de lo más extraterrestre. También tenía un aire de lo más biomorfo, como el Alien de Giger, y el hecho de que aparezcan dos en la ilustración aumenta más la idea de que se trata de un ser vivo. Muchos años después conocí una teoría "biológica" que explicaría el enigma de los llamados ovnis. Se trataría de una especie de medusas aéreas que vivirían en las capas más altas y enrarecidas de la atmósfera. No creo que fueran muy distintas de estos inquietantes prototipos de Lippisch (¡Vaya con el nombrecito!) que llenaron mi infancia de visiones de pesadilla. Piénsese que era la edad dorada de las películas de marcianos, que recuerdo con nostalgia.

¿En qué año nací?




En teoría fue en 1955, en Ibiza, y me bautizó el obispo, don Isidoro Macavich, algún día hablaré de él. Pero digo en teoría porque los recuerdos que atesoro son cronológicamente incongruentes con este dato. A veces pienso que soy algo mayor, lo que explicaría mi relativa precocidad. Me explicaré. El álbum de cromos del que voy a hablar se publicó en 1955, es decir, el mismo año en el que nací. Sin embargo yo tengo recuerdos de haberlo, sinó leído, sí mirado y remirado cuando tenía, al menos 3 o 4 años. Otro tanto pasa con el primer cuento del que tengo recuerdo (felízmente recuperado: saldrá por estas páginas), me refiero a Noddy´s Penny Wheel Car, de Enyd Blyton, publicado (lo tengo ante mí ahora), en 1952 por Sampson Low (London). Pero, en teoría yo debí verlo por primera vez en 1958-59, lo que resulta un tanto extraño. A veces pienso que mis padres, en plena etapa "beatnick" (no hay más que ver las fotos de la época), "pasaron" de bautizarme unos dos o tres años. No lo sé. Ellos no sueltan prenda. No lo digo del todo en broma ¿eh? Porque uno de los recuerdos más claros de mi infancia es la portada del ABC con la foto de Sir Edmund Hillary coronando el Everest y clavando la Union Jack. Pues bien, eso sucedió en 1953... Y también podría hablar de la Guerra de Corea, de la que recuerdo escuchar noticias en la radio, y que terminó... en 1953. En fin, mejor dejarlo, sopena de ponernos a hablar de recuerdos intrauterinos, como hacía Salvador Dalí.

Lo cierto, y a lo que vamos, es que mi infancia estuvo marcada (mucho antes del advenimiento de los Juegos reunidos Geyper (vease otro de mis blogs: juegosreunidosgeyper.blogspot.com) fueron los álbumes de Nestlé, cuyos cromos aparecían dentro de las excelentes chocolatinas de la marca. Lo de los álbumes de Nestlé -nunca lo hubiera pensado- viene a ser una muestra de clasismo. Como no deja de recordarme un amigo y contemporáneo, él sólo accedía a los cromos de Hueso y Zahor...
Pero lo importante es que el bagaje cultural que me aportaron esos álbumes (aquí vamos a hablar del I,II y III, que aparecieron entre 1955 y 1957), en una época tan tierna, me impregnó para toda la vida. Era un bagaje, ahora me doy cuenta, mittleeuropeo y laico, muy avanzado para su época e inusual dentro del magma nacionalcatólico que lo pringaba todo. En ese sentido creo que fui un privilegiado. Claro que eso no explica el poder de evocación que estos álbumes, cuyos textos -al principio- no podía leer despertó en mi joven espíritu. Este blog, que forma conjunto con juegosreunidosgeyper.blogspot.com y con meineigentum.blogspot.com (dedicado este, sobre todo, a mi colección de cámaras fotográficas), estará dedicado, espero que entre otras cosas, a pasar revista a aquellas colecciones, y lo que me sugerían entonces y me sugieren todavía ahora.