
Lo mismo que tuve mi etapa (breve) de esquiador (eso lo cuento en la novela -inédita- "La quería, sabedlo") también la tuve de espeleólogo. Hice mis pinitos, no crean. Cosa que no podía saber cuando, de chinorri, este cromo me daba cierto yuyu. Pues en las jodidas Gateras de la cueva del asno me ví tal que así, y hasta peor que así. Pero, como ya lo había visualizado en LAS MARAVILLAS DEL UNIVERSO, pues... me amedrentó el trance menos de lo esperable ¡Gracias Nestlé!
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